Terminado el primer año de
noviciado, fue destinada al hospital de Treviso, donde regresó después
de la profesión religiosa celebrada el 8 de diciembre de 1907. La primer
guerra mundial fue como un paréntesis en la vida de la Santa porque Sor
Bertilla permaneció al servicio de los enfermos del hospital de Treviso
hasta su muerte. Vivió la caridad en grado heroico, como encarnación del
ideal que el Fundador había transmitido a su Instituto. Se consumió al
servicio de sus hermanos, los enfermos, ofreciéndose al Señor sin
medida. Ella expresó así la naturaleza profunda de su respuesta
vocacional: un corazón rebosante de amor. El medico, jefe de una sección
del hospital y no creyente, al dejar la habitación donde ella estaba
agonizando, repetía a quienes se encontraba: “ allá arriba está muriendo
una santa”.